Pinto la vida como me gustaría que fuese.
Norman Rockwell

La Casa Curutchet, un hotel en la llanura y el Bar Suárez de Congreso.


La Plata -en Argentina- es la máxima expresión del urbanismo cartesiano característico del nuevo mundo. La Plata es conocida como La ciudad de las diagonales. Su planta (hoy rodeada de suburbios) es una trama cuadrada, cruzada por muchas avenidas en diagonal y perforada por plazas y jardines dispuestos matemáticamente. En uno de los lados del cuadrado, el principal de ellos, los platenses ostentan la única obra de Le Corbusier en América Latina.

Llegamos a la Casa Curutchet con la única esperanza de verla desde fuera, pero la encontramos abierta de par en par y desierta. Andrew Brown (mi amigo y huésped en La Plata, neurocirujano de los que aparecen en tapas de revistas y viven en todas partes además de Nueva York) había decidido acompañarme argumentando que Curutchet, también cirujano, capaz de contratar de buenas a primeras al mejor arquitecto del mundo sin salir de Argentina, algo tendría en común con él, modestia aparte, que aunque nunca había conversado con un arquitecto hasta conocerme, entendía que la audacia de someterse al escalpelo sólo se compara a la de someterse a nosotros.


Entramos dando palmas aunque esperando que nadie nos oyese y rompiera el hechizo. Subimos entonces la rampa, la escalera, y sólo encontramos montones de arena fina, una carretilla, rastros de algún almuerzo de albañil y la desnudez de una de las principales obras de arquitectura que haya tenido la suerte de visitar. Mi éxtasis no superaba el asombro de Andy. Parece un shopping center, sentenció sin sabiduría pero con certeza. En efecto, la promenade architectonique de esta casa es una obra de arte en sí misma. Sin duda es la Ville Savoye el paradigma, pero La Maison Curutchet tiene el mérito añadido de demostrar que los cinco puntos para una nueva arquitectura y el Modulor son aplicables aun en pésimas circunstancias. Y por cierto, dear Andy, los centros comerciales que se construían en los 80 eran una grotesca versión de obras como ésta.


La casa y la ciudad se llevan muy bien entre sí. La Plata debe sus diagonales a Dardo Rocha, un prócer argentino que la diseñó y la fundó en 1882. Según me explicó el decano de la facultad de arquitectura local, Rocha había diseñado con similar criterio la ciudad de San Carlos de Bolívar, otro cuadrado perfecto, aunque mucho más pequeño y sin diagonales, pero con una prolija trama de bulevares y plazas como argumento. El dato no me llamó la atención hasta que el académico colega añadió que Bolívar era cuatro años más antigua, una especie de prueba piloto del plan. Eso produjo inmediato efecto en mi agenda de viaje.


Bolívar y La Plata

La carretera recta y delgada partía la llanura en dos: la izquierda toda de agua y la derecha toda de un verde oscuro y profundo. Ambas mitades a su manera reflejaban el gris interminable del cielo, un manto pesado y manso de nubes al alcance de la mano. El agua de la izquierda comenzó a preocuparme cuando entendí que no estaba en su sitio, y que sólo la propia carretera mantenía el lado derecho a salvo.

El autobús, justo en el centro del paisaje, iba hacia el oeste colmado de estudiantes universitarios que desde todo ese inmenso país acuden a La Plata a aprender a querer a sus paisanos a fuerza de no tenerlos. Que cuando apenas han alcanzado el sueño de vivir solos comienzan a soñar con el próximo fin de semana en familia. Era viernes por la tarde y desde antes de haber alcanzado la carretera dormían en todas las posiciones posibles. El que iba acostado en el suelo del pasillo junto a mi asiento no dormía pero fumaba más que yo. Ojalá que todavía no hayan cortado la ruta, me dijo tres minutos antes que el chofer, soltando el pedal y apagando la radio, anunciara que había delante una patrulla de la policía, y que seguramente no podríamos pasar.

Luego de conversar con un sargento gordo a través de la ventana, el chofer hizo girar el autobús a la derecha rumbo a Providencia, un poblado que se ve desde lejos gracias a su insólito hotel de cuatro pisos de altura, con una fachada neoclásica y dos rotundas medianeras argentinas, símbolos que eternizan el optimismo de un catalán republicano que creyó en el gran futuro de aquel caserío donde había poco más que un surtidor de gasóleo para repostar el autobús.

En el bar del hotel, Andrew me presentó a su compañero de asiento, James, un fotógrafo inglés que mucho antes de radicarse en Suecia intentaba revelar en colores la magia de las islas urbanas en el mar de las pampas. Lamentaba, lógicamente, que el mar que inundaba la carretera no fuera igualmente metafórico, pero admitió que aquella creación de algún imitador de Dios, con un hotel fuera de escala, le resultaba muy atractiva. Se quedó alojado allí a esperar la posibilidad de llegar a Bolívar, donde unos días después conseguiría fotografiar una casa que es la suma de todas las casas de la manzana, unidas entre sí por puertas improvisadas que forman una cadena infinita con los vestigios de la vida de cada uno de sus habitantes originales.

En Latinoamérica los regresos no siempre son al lugar de partida, del mismo modo que las llegadas no son siempre al lugar de destino. Al emprender el regreso, no a La Plata sino a Buenos Aires, vi tumbado debajo de un nogal a mi vecino del pasillo, fumando y esperando. El autobús, ahora semidesierto, llegó al barrio de Once justo cuando yo apagaba el último cigarrillo del paquete. A mil metros de allí, Le Corbusier tomaba café con Victoria Ocampo y Amancio Williams en una foto colgada en el bar Suárez de Congreso.

Deconstructivismo


El deconstructivismo es un discurso basado en el caos en tanto orden por descifrar. Se inspira en la idea de que uno puede decir algo que no signifique nada pero que sí se constituya en significado. La idea surge de la experiencia en ámbitos ajenos a las artes. Por ejemplo, el nombre Coca Cola y el logotipo correspondiente no significan nada. Es más, los posibles significados contradicen o desvirtuan la idea "cocacola", que es muy clara e inequívoca en todo el mundo. De esta contradicción: el signo que no significa pero es significado, el signo no significante, surge la siguiente hipótesis: No importa qué nombre ni que logotipo establezca para mi producto, puedo elegir cualquiera al azar, puedo incluso escoger un nombre feo o absurdo o ridículo, pues sea cual fuere el que elija nunca va a significar nada sino que será un nuevo significado. La efectividad aumenta cuando el nombre se pronuncia de modo similar en los idomas más importantes. Eastman, el dueño de Eastmancolor (nombre constructivista si los hay) creó, con plena intención y sabiduría, la marca deconstructivista por antonomasia: Kodak.

Confusas ideas




He intentado describir, sin mucha fortuna, mis confusas ideas acerca del significado de la palabra arquitectura en un artículo que acaba de publicar arkinetia: Arquitectura, la palabra y el hecho. Creo que es la primera vez que incluyo en un texto tantas ideas encontradas. Di vueltas a los párrafos varias veces, eliminé varios, redacté otros nuevos, volví a reordenarlos y todo seguía igualmente confuso. Acabé por dejarlo como quedó dándome por vencida y diciéndome que, al fin de cuentas, es precisamente esa confusión mi definición del término. Luego, resumiendo y adaptando al formato periodístico las definiciones dadas por grandes próceres de todas las épocas, quedé con la sensación que ellos debieron haber sentido algo parecido al dar por concluída la tarea. Si no fue así, lo sería en caso de tener que hacerlo a la luz de la realidad actual. En cualquier caso, creo que hice bien en leer esas definiciones a posteriori, pues a priori me habrían complicado aún más el trabajo.
No suelo comentar aquí los artículos escritos para otros medios, y espero no verme en la necesidad de hacerlo en el futuro; aunque es muy probable que ello suceda el día que intente reeditar éste de arkinetia. Gran ventaja de internet, en relación a las revistas impresas, la de poder actualizar ideas; sólo por eso me atreví a dejar que lo publicasen.

Pintura de Guillermo Miranda de las Heras

Beethoven y la arquitectura


Que Le Corbusier haya fracasado en las academias significa que ser un buen arquitecto empieza por hacer mal la arquitectura. Piglia, en Respiración artificial, argumenta que Roberto Arlt escribía mal, afortunadamente. La sordera de Beethoven abrió paso a la música de los silencios, la que sólo existe entre nota y nota, la música que falta, la que uno imagina, la que uno espera, no la que se oye. No hagas bien la arquitectura, hazla como tiene que ser.

Muerto el rey, viva el rey


Las bicicletas, tan ecológicas como la industria que las produce, como los medios que las promocionan, las empresas que las transportan y las tiendas que las venden, circulan sin restricciones, a cualquier velocidad, por aceras, parques y plazas, zigzagueando entre niños y adultos, conducidas por cualquiera que se crea capaz de hacerlo y muchas veces con una audacia que parece inspirada en la impunidad. Deberá haber aún muchos más accidentes graves o fatales ocacionados por bicicletas para que este nuevo rey de la calle ceda; para que el control que se ejerce sobre los automóviles y motocicletas, reyes absolutos en sus buenas épocas, se extienda a los vehículos sin motor. Por el momento sólo tú, si conduces una, tienes autoridad.
Foto de Helvetia

El color



El color es la principal asignatura pendiente en el diseño actual. En la herencia del movimiento moderno, divulgado en blanco y negro desde sus orígenes y retroalimentado a través del filtro de la imagen monocromática, ésta es una de las pocas secuelas perjudiciales. Los diseñadores que en los 70 cargaron sus paletas con el arco iris de la Kodak Fiesta y la nueva TV sucumben al peso de la mediocridad del mercantilismo (también conocido como el "lo-quiero-para-ayer"). El esplendor de los Beatles no fue suficiente a pesar de haber logrado, entre tantas otras proezas, que su imagen resultara indemne al tránsito desde With The Beatles hacia Sgt. Pepper's, puesto que ellos mismos, sus propios y geniales diseñadores, piezas fundamentales del éxito, hicieron marcha atrás al año siguiente. Hoy, en los Colegios de Arquitectos se matriculan los tímidos alumnos de enormes artistas del purismo (no seré yo quien discuta a Siza; no se me ocurriría), que ante el papel en blanco o la pantalla en negro no parecen capaces de imaginar colores que no sean los de la vegetación en un día lluvioso. Conozco personalmente sólo dos o tres arquitectos que piensan en colores, y les pesa frente a todos los jurados (¿conoces el color ayuntamiento? Es igual al color diputación): cuando ganan un concurso es a pesar de los colores y sólo porque son genios. Pero no somos sólo los arquitectos las víctimas, el complejo nos alcanza a todos, todos aún nos vestimos con el cuello inglés almidonado que nos cubre el pubis por debajo del Sahara.

El mueble es de Leif. design park vía La faz de lo innumerable.

El coche hogar



El GMC PAD está ideado para vivir en él. En este pedazo insólito de mundo en que vivimos, estos vehículos evolucionan hasta el punto de competir con la absurda arquitectura en que moramos, que no es linda ni buena ni cómoda ni útil ni duradera, sólo cara. En estas tierras el paradigma casa=hogar puede desaparecer totalmente, aún sólo está en vías de extinción.

Arquitectura ecológica: Ser o no ser

Es muy difícil responder a estas inusuales pero obligadas preguntas:
¿Debe ser la arquitectura ecológica?
¿Estoy siendo un arquitecto ecológico?
Porque a veces las mejores intenciones son fatales.
artículo en arkinetia

Arquitectura en la escuela


Siempre he echado en falta que en las escuelas primarias se enseñara a los niños algunas pautas básicas de apreciación de la arquitectura. No creo que sea posible hacerlo mejor que con otras artes, pero eso es una falencia natural del siempre obsoleto sistema masivo de educación. Sin embargo, podría sembrar la noción de que la arquitectura persigue objetivos más ambiciosos y más sublimes que construir.
Mi último artículo en arkinetia

Mesa de letras



¿No es maravillosa?
The inspired Maker

sobre abarrigadeumarquitecto


abarrigadeumarquitecto es un blog que me gusta leer. Creo que nunca he hecho ninguna referencia aquí porque no ha surgido espontáneamente. Mirando ayer las estadisticas de visitas he descubierto que muchas venían de allí, precisamente cuando yo había quitado "abarriga" de mis links favoritos por no estar reflejado en el contenido. Cuando entré a abarriga para ver el origen de las visitas descubrí a cuadrado enlazado mediante unos botoncitos sumamente originales. A partir de lo cual me surgieron algunas cosas por decir:

Lo que antecede.
Que esos botoncitos son una idea genial.
Que debo volver a poner abarriga entre mis favoritos.
Que me siento orgullosa de estar ahí.
Y que muchas gracias, Daniel.

abarrigadeumarquitecto.blogspot.com